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Enrique Velázquez Martínez

¿Hasta Cuándo, sufrido mexicano?

Dice, ahora, una triste frase célebre: un pueblo mal informado, es un pueblo fácilmente engañado. Lo que no termina esta frase es, ¿hasta cuándo? ¿Qué se necesita para que el pueblo despierte de una vez por todas de su letargo, de su intoxicación? Y hablo por todos los pueblos oprimidos del mundo, pero más de América Latina y, especialmente, de mi México.

Y ya no quiero irme muy atrás: Conquista, Independencia y Revolución; “68” y “Jueves de Corpus”; “La colina del perro” y “Salinato”… No. Tenemos más cerca el “robo del siglo”: el Fobaproa; también Oceanografía y la atinadamente llamada por algunos colegas, la Docena Trágica, o sea, los doce años de la hipocresía panista: “santiagueros redentores” (por lo que se santiguan por cualquier cosa, y la cola y cuernos escondidos; más no por Santiago).

Nuestra nación padeció casi un siglo de hegemonía priista con las consecuencias de, casi, todos conocidas, y que sería motivo de otro escrito. Posteriormente, padecimos de la D     ocena Trágica panista, con todas las trapacerías y fraudes, superando por mucho a sus maestros, por supuesto, siempre amparados falazmente por su “santísima trinidad”. No sé a quién se refería Fox cuando dijo que acabaría con las tepocatas y víboras prietas; o a qué país se refería el risible “presidente del empleo”.

Pero, lo que me parece más inverosímil, más provocador, más irónico, más desanimante y, por supuesto, más triste, es que un partido que se dice defensor de los pobres, de las causas justas, de los desamparados, que, supuestamente, llegó al Senado y a San Lázaro para defender a todas sus huestes, haya hecho algo peor: saquear al Distrito Federal (me imagino que por la carrera presidencial), por medio de su mentada Línea Dorada (que nombre tan más ridículo e insultante).

En primer lugar, la partida presupuestal para su realización no alcanzó, entonces, se duplicó. Después, salieron con esos eufemismos insultantes que para “darnos un mejor servicio” el boletó costaría cinco pesos, subió casi cincuenta por ciento; en tanto el salario mínimo subió una cifra indecible. El gas doméstico y la gasolina siguen en aumento. Ahora, se suspende el servicio de tan rimbombante línea por lo menos seis meses y, claro, otra partida presupuestal del erario nacional…

Pero, estimado lector, aquí viene lo más increíble del caso. De las tres empresas involucradas (ICA, CARSO y Alstom) y el cuarto integrante, el gobierno capitalino: ¡ninguno tiene la culpa! Y conste que no se cuentan los siete millones de pesos que andan “perdidos”.

Y aquí otra joya increíble de nuestras autoridades. Dice el director del Metro, que por ciertos “errores” (de NADIE, por supuesto), las ruedas no son compatibles con las vías o con los rieles. Y agárrese nervioso lector. ¿Se dio cuenta que la línea sólo se suspende de la estación Atlalilco a la estación Tláhuac? Pues qué cree, que de Atlalilco a Mixcoac… ¡ya son compatibles!

Pero si cupiera un raquítico consuelo, esta línea fue la tumba de la ola amarilla en el DF. Presiento que el siguiente gobierno será tricolor, entonces debemos estar bien informados y preparados, culto lector.

Si usted, amable lector, este caso, hipotéticamente, lo lleváramos a terrenos del sector privado, los involucrados ya estuvieran de vacaciones en algún reclusorio. O dígame, sorprendido lector, si en nuestro modesto empleo (y no es eufemismo), cometiéramos un pequeño “errorcillo”, qué nos pasaría… ¡por supuesto que alguien tendría la culpa y alguien tendría qué pagar!

Pero mi México lindo y querido sigue postrado, dormido, intoxicado… y lo más triste, seguimos permitiendo que nos jueguen el dedo en la boca, sean amarillos, azules o tricolores. Reaccionamos valientemente subiendo el “rating” del Canal de las Estrellas y de la Señal con Valor. Atascamos los estadios para ver a nuestro equipo de nuestros amores, mientras los dueños de ellos se inflan sus bolsillos. Estamos pendientes de los desenlaces telenoveleros. Compramos Coca–Cola, Sabritas, Gansitos, y demás chatarra en beneficio de los consorcios multimillonarios y, lo que es peor, en detrimento de nuestra salud.

Por supuesto que la invitación no es subversiva, nunca de los nunca a la JUSTICIA podrá llamarse subversiva. No queremos que nos regalen nada. Los políticos pueden quedarse con sus mega salarios insultantes para el obrero promedio, pero, por lo menos, no llamar subversiva a la justicia. Pero en fin, con esta fauna no es el pleito. El llamado es para mí México lindo y querido: despierta de una vez y para siempre, ya no dejes que te roben, te ultrajen, te violen una y otra vez. Los pobres somos mucho, pero mucho más. Apaga la televisión y enciende un (buen) libro. No lleves a tu hijo en carro si vives a quince minutos de la escuela (pues nada qué ver, pero se me ocurrió). Ya no compres chatarra, mejor verduras y fruta y, sobre todo recuerda: un pueblo mal informado, es un pueblo fácil de engañar.