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Enrique Velázquez Martínez

Discriminación de Trump ¿Y los mexicanos qué?

   Cuánta indignación ha causado entre nuestros compatriotas de aquel y de este lado del Río Bravo, la postura e ideología del candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump. En cuanto micrófono se le atraviesa, aprovecha para dirigir su mensaje inhumano, ofensivo y racista a los mexicanos y en general al pueblo latinoamericano.

   Pero, ¿y nosotros?


   ¿Recuerdan al finado barbudo, mal apodado "El Jefe" y llamado Diego, llamó "descalzonados" a los habitantes del sureste de nuestro país?


   ¿Y qué tal el analfabeta ex presidente panista quien llamó "lavadora de dos patas" a nuestras mujeres mexicanas?


  Tristemente, en nuestra capital nacional mexicana, los llamados "Chilangos", llaman despectivamente "Chunditos" a los compatriotas quienes llegan de las provincias mexicanas a tratar de mejorar sus vidas a la capital.


   En el ámbito laboral, el gremio obrero se ensaña con aquel provinciano quien trabaja con éstos, llamándole "paisa", "paisita" o "paisano".


   Y qué me dice de los sembradíos de Baja California, donde en pleno siglo XXI había un campo de explotación indígena, abusando de la nula educación y necesidades alimentarias de los labradores, quienes recibían remuneración al estilo de las tiendas de raya porfiristas.


   En algunos centros de trabajo, cuando reclutan féminas, si no cubren cierto perfil no obtienen el trabajo. ¿Cuál es ese perfil? Güera, alta, y con medidas 90-60-90.


   ¿Y en el terreno futbolístico? ¿Qué se escucha en las gradas o en terreno de juego? ¡Inche negro, por eso nadie te quiere!


   Pero, oh lector, no se corte las venas. Dicen los que saben que todo es genético y que en la sangre llevamos ese racismo.


   Circula en redes sociales un estudio donde a un grupo de bebés blancos y "de color" les mostraron el retrato de una mujer blanca y otro de una mujer "de color". Los bebés, tanto blancos como de color, escogían el retrato de la mujer blanca.


   En otro estudio los niños eran de cinco años, igual blancos y "de color", les enseñaban una muñeca de rasgos arios y otra de rasgos africanos. La niña blanca escogía a la muñeca aria, diciendo que se parecía a ella. El niño "de color", escogió a la muñeca blanca, contestando que la escogió porque era bonita, porque él quería ser así, que tendría más oportunidades...


   Triste ejemplo, pero contundente.


   Bueno, ya tenemos a quien echarle la culpa: a la genética...