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Carlos Velázquez Martínez

Terremoto de 85 / No aprendemos la lección

A propósito de los fenómenos naturales que están ocurriendo en el país y que han dejado muertes lamentables y daños económicos en estados del sur de la república, hoy se cumplen 28 años del terremoto en la ciudad de México, el más desastroso y mortífero que haya habido en América Latina en la era moderna.

El terremoto del 19 de septiembre de 1985, que fue de tipo trepidatorio y oscilatorio, se registró a las 7 de la mañana con 19 minutos, con una intensidad de 8.1 grados en la escala de Richter y tuvo una duración de casi dos minutos. Superó a lo ocurrido el 28 de julio de 1957 cuando se cayó el Ángel de la Independencia.

Fue un tiempo inconmensurable que causó 8 mil muertos, (según cifras oficiales) pero que pudieron ser más de 20 mil, según estimaciones de organizaciones no gubernamentales.

La convulsión terrenal afectó a más de 50 mil familias que perdieron sus hogares y dejó sin empleo a cerca de 200 mil personas.

El gobierno federal estimó que se afectaron 12 mil 747 inmuebles, entre ellos 2 mil 831 edificios, de los cuales sólo se recuperaron 1,581; hubo 36 mil casas dañadas y 750 escuelas públicas destruidas que afectaron el ciclo escolar de 650 mil estudiantes.

Los daños económicos fueron de casi 5 mil millones de dólares de acuerdo a estimaciones de la (CEPAL (Comisión Económica para América Latina). Esa cantidad representó el 2.1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país y el 9.9 por ciento del PIB de la ciudad de México.

Tan sólo la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros informó que se pagaron 440 millones de dólares por concepto de seguros de inmuebles y vidas aseguradas. Póliza equiparable con los efectos de las torres gemelas de Nueva York.

El terremoto de 1985 no sólo fue un fenómeno natural, sino un desastre económico para México, pues con anterioridad, se padecía una crisis en las finanzas públicas y en la inversión privada.

Había caída de salarios y aumento del desempleo que acrecentaba la inflación y la fuga de capitales.

En 1982 México había declarado una moratoria en el servicio de la deuda externa. La inflación en el sexenio de Miguel de la Madrid entre 1982 y 1987 fue de 91 por ciento.

Los fenómenos naturales, como los terremotos, maremotos, huracanes afectan cada vez más a un mayor número de personas, provocando pérdidas de vidas y recursos materiales.

En los últimos 20 años, no hubo un solo país de América Latina que estuviera libre de algún tipo de desastre natural.

Y es que estos desastres ocurren, más por la naturaleza, por la improvisación en el establecimiento de los centros urbanos y la marginalidad en que viven grandes núcleos de población, que debido a sus condiciones de pobreza, se instalan en lugares inestables, haciendo vulnerables sus hogares.

De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), se considera que hay 32 millones de personas que viven en zonas de riesgo, principalmente en la costa y en las márgenes de los ríos, lagos y lagunas

Sin embargo, tal parece que no se aprende la lección, porque a pesar de que existen reglamentos de construcción y restricción en zonas de suelos blandos, no se respetan por la corrupción y por la falta de cultura de prevención, pues muchos habitantes no toman con seriedad los simulacros de evacuación, ni toman medidas preventivas en sus hogares.

En México, sólo el 4.2 por ciento de propietarios de bienes inmuebles cuentan con una póliza contra fenómenos y desastres naturales. Solamente cuando adquieren una vivienda nueva compran el seguro, pero después no lo renuevan sobretodo en los estados de la costa donde ocurren con frecuencia ciclones y huracanes.

Así como lo oyen angustiados radioescuchas, es poco lo que se ha aprendido después del terremoto de 1985, pues solamente se creó el Centro Nacional para la Prevención de Desastres (CENAPRED) y se creó el Fondo Nacional de Desastres Naturales (FONDEN).

Pero todavía falta mucho para aprender la lección. Ojala que estos fenómenos naturales nos hagan reflexionar, al gobierno y ciudadanos, para prevenir desastres económicos y no sufrir crisis más de las que ya padecemos.