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Detienen a jefe policiaco de Los Mochis y 32 elementos

El gobernador del estado, Mario López Valdez, confirmó la detención del director de la Policía Municipal de Ahome (Los Mochis) y 32 elementos más, en un operativo encabezado por el comandante de la Novena Zona Militar, General Moisés Melo García.

“Se han recibido denuncias en los municipios, de que policías municipales están coludidos con la delincuencia organizada” declaró el gobernador, luego de hacer un resumen de su Primer Informe de Gobierno, que se entregará este martes al Congreso del estado.

Indicó que es una de las principales promesas que hizo en campaña y que como gobernador desea cumplir lo más pronto posible, con la reestructuración de las corporaciones policiacas para enfrentar a la delincuencia con personal propio, sin recurrir a la Federación.

Por ello, este mediodía, la Policía Ministerial del estado solicitó apoyo al Ejército Mexicano para investigar al Director de Policía Municipal. Mayor León Horacio Reyes y a otros 32 elementos de mandos medios como Omar Pérez Rubio, director Operativo, a Germán Carrillo, administrador de la corporación; a Baltasar Acosta, coordinador de sindicaturas; Sergio Casillas, coordinador operativo entre otros elementos.

El personal fue citado a las 10.30 a las oficinas de la Dirección Municipal, presuntamente para una reunión urgente, pero allí llegaron las fuerzas castrenses y la Policía Ministerial del Estado, comandadas por Jesús Antonio Aguilar Iñiguez, para desarmar a los agentes municipales y proceder a la detención de los jefes superiores.

Los detenidos son trasladados a la ciudad de Culiacán para ser interrogados en la Procuraduría de Justicia del Estado, custodiados por el Ejército Mexicano

 

 

Por fin hay denuncias contra gobierno de Aguilar

Juan Pablo Yamuni, Jefe de la Unidad de Transparencia y Rendición de Cuentas, presentó cuatro  querellas o denuncias en la Procuraduría de Justicia del Estado de Sinaloa,yamuni por presuntos delitos de desvío de recursos públicos, ejercicio indebido de la función pública y peculado, contra quien resulte responsable de la administración que encabezó Jesús Aguilar Padilla.

El funcionario estatal no reveló nombres de los presuntos responsables, ni el monto de los recursos públicos desviados o apropiados, porque eso lo determinará el Ministerio Público del Fuero Común en base a la denuncia y expediente presentados por la Unidad de Transparencia y Rendición de Cuentas.

Asimismo, destacó que se llegará hasta las últimas consecuencias en el combate a la corrupción y destacó que este hecho es histórico para Sinaloa, porque nunca se habia presentado denuncias contra ex funcionarios públicos que presuntamente cometieron delitos en la administración pública.

No busco una confrontación: Malova
Por su parte, el gobernador Mario López Valdezviz-jap-malova consideró que con la denuncia penal contra ex funcionarios del gobierno de Jesús Aguilar Padilla no busca ninguna confrontación política contra la clase política priísta, al señalar que la confrontación ya la tuvo pero que fue en las urnas el 4 de julio del 2010.

El mandatario estatal  aseveró que no pretende iniciar una confrontación política con Jesús Aguilar Padilla ni con sus ex colaboradores.

“No es mi gobierno el que está buscando una confrontación, mi gobierno lo que está buscando es la aplicación de la ley, lo que está buscando es dignificar y transparentar el ejercicio de la política, no es una confrontación, creo que la confrontación política la tuvimos el año pasado el 4 de julio y ahí quedó muy claro que cuando tuvimos que enfrentar alguna circunstancia la enfrentamos, no nos da temor, ni nada”, manifestó.

 

 

 

 

 

Huye de Sinaloa Luis Enrique Ramírez


CULIACAN, Sin. 25 agosto.- Ante el asesinato del periodista Humberto Millán Salazar, otro compañero de profesión, Luis Enrique Ramírez, con quien llevaba estrecha amistad, huye de Sinaloa "porque no existen condiciones propicias para desarrolar el periodismo que, en su legítimo derecho como lectores a ser verazmente informados, nos demandan"luisEnriqueRamirez
 
El ahora occiso Millán Salazar y Luis Enrique Ramírez, tenían estrecha amistad y relación profesional con Luis Pérez Hernández, asesinado en febrero pasado y quien fuera subsecretario de Gobierno en el periodo de Jesús Aguilar Padilla.
 
Ambos comunicadores fueron criticos mordaces de Aguilar y fueron artifices, con sus críticas periodisticas, para que Jesus Vizcarra Calderón, perdiera la gubernatura de Sinaloa, ante Mario López Valdez.
 
En su última publicación aparecida este jueves 25 de agosto en su sitio www.fuentesfidedignas.wordpress.com, el también excolumnista del periódico El Debate, Luis Enrioque Ramirez, advierte que no existen en Sinaloa las condiciones para ejercer el periodismo, por lo que opta por callar y emprender la retirada.

A continuación se reproduce parte de la columna de Luis Enrique Ramírez donde da a conocer su decisión.

“Hoy, en la víspera de que este blog cumpla su primer mes de existencia, hacemos un paréntesis en nuestro trabajo periodístico. Por primera vez, tenemos la certeza de enfrentar un peligro real de muerte y, en lugar de abundar en torno al asunto, decidimos emprender la retirada, con la esperanza de que esta ausencia sólo sea temporal.

Quizá para el momento en que usted, amigo, amiga, lea estas líneas, su servidor se encuentre ya muy lejos de Sinaloa. La razón: No existen hoy en nuestro estado condiciones propicias para desarrollar el periodismo que ustedes, en su legítimo derecho como lectores a ser verazmente informados, nos demandan.

Preferimos callar, poner distancia de por medio, y hacer lo posible por vivir. Vivir para contarlo.

Nos vamos todavía con la esperanza de que aparezca con vida nuestro hermano Humberto Millán, desaparecido desde ayer 24 de agosto, exactamente 7 meses después de aquel 24 de enero de 2011 en que apareció asesinado nuestro hermano Luis Pérez. Hermanos, claro, no por consanguinidad ni por culto religioso alguno, sino por aquella razón que explicamos en la última entrega de esta columna que se publicó en un medio impreso: el 23 de julio de 2011 en “El Debate”. Nos despedimos rememorando los primeros párrafos de aquella publicación y la cita bíblica que la acompañó:

Entonces Dios dijo a Caín: “¿Dónde está Abel tu hermano?”. Y Caín respondió: “No sé, ¿soy acaso guardián de mi hermano?”. Y Dios le dijo:”¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano”.


 Génesis 4:9-11. Esto es palabra de Dios”.

Superó el infortunio de la Segunda Guerra Mundial.

 La historia de vida de Hans Martínez rompe la trillada frase de la frontera entre realidad y ficción; es un ejemplo de vida, de coraje, de querer ver, día tras día, los amaneceres,Imagen20006 los ocasos, la lluvia o las tardes soleadas; es una invitación y un reto para la infancia, la juventud y la madurez del ser humano. Es cuando el orgullo y la altivez del hombre se derrumban (o debieran derrumbarse) en pedazos ante los sueños realizados por este tipo de personas.

Hans Martínez, méxico-alemán, sorteó todo tipo de adversidades para levantar “Abrasivos Berlín”, desde su nacimiento hasta la actualidad: hambrunas, orfandad, discriminaciones, soldado-adolescente en la Segunda Guerra Mundial, enfermedad paralizante; además de ir caminando sobre el delgado límite de la vida y la muerte.

Mirando hacia los muros de su fábrica, sentado en la silla rodante que él mismo construyó debido a sus casi dos metros de estatura, el ingeniero accede a platicar con el corresponsal. Con voz apenas perceptible a causa de una afección crónica escoge, entre sus miles de recuerdos, el que puede considerar la razón de su existencia:

Me dijeron que cuando mi abuelo tenía 80 años, mi padre tenía 18: una edad muy difícil para educar y más porque mi padre era muy rebelde. Mi abuela fue la tercera esposa y en aquel entonces tenía 35 años, fue en el tiempo en que mandaron a mi padre a estudiar a Europa.

Mi abuelo era un español quien tenía un negocio de abarrotes. Augusto, mi padre, era un muchacho muy difícil y fue mandado para Alemania a aprender lo más avanzado; él llegó a la Universidad de Berlín, pero buscaba, ante todo, noviazgos al estilo mexicano. En la ciudad de Ukbar encuentró una muchacha de pelo largo, sencilla; vio que trabajaba en un restaurante como mesera, después sería mi madre. Ella creció en un convento y su información académica era nula, sólo un poco de conocimiento clerical. Mi padre la enamoró y después le informaron del embarazo. Tuvo que regresar a México cuando vino mi nacimiento y el reconocimiento no fue fácil. Mi madre insistió en que se reconociera al niño y cargara con las consecuencias.

                   Al borde del abismaleman

A pesar de que en su infancia sufrió discriminación por parte de algunos alumnos y maestros debido a su color, a golpe de vista se notan los rasgos germánicos: piel blanca, rostro cuadrado, frente amplia y mirada firme; aunque él menciona que lo etiquetaron como judío y él mismo se dice “moreno”.

¿Ingeniero, platíquenos cómo es que libró grandes batallas con la muerte?

Mira, recuerdo el indiscriminado bombardeo sobre Berlín; había mucha, mucha hambre; teníamos que comer lo que se pudiera. Una bomba cayó en lo que pudo ser un almacén de víveres porque salieron enormes bolas de queso. Con la impresión y alegría corrimos hacia ellas sin importar la caída de las bombas, ¡imagínate el hambre que teníamos! Pues total, corrimos detrás de las bolas de queso y, efectivamente, cayó una bomba cerca. Con la velocidad de una esquirla, ésta le cercenó la cabeza al niño que corría delante de mí. Pues yo sólo brinqué el cuerpo y seguimos corriendo para atrapar una bola de queso. Creo que eso era lo más importante en esos momentos, ¡el hambre era insoportable!

Las “Juventudes Hitlerianas” tuvieron entre sus filas a Hans Martínez y no porque el joven tuviera sangre beligerante, era porque no tenía otra opción. En aquel tiempo, a los adolescentes les preguntaban si querían ingresar en dichas filas, si su contestación era negativa, su vida era cegada por una bala.aleman familia

En las Juventudes Hitlerianas me enseñaron a manejar las armas, a limpiarlas; a manejar la bazuka. Nos dieron una guía del partido de Hitler y nos dijeron “¡si no matas, te matan! Y nos mandaron a combatir, unas veces al tren subterráneo, otras, a las ruinas.

Algunos compañeros adolescentes caían en pánico. Desertaban y corrían. Si los capturaban, eran fusilados para escarmiento de los demás. Para este entonces, los rusos ya estaban en Berlín; una calle nos dividía: enfrente los rusos, enfrente los alemanes.

Ya era inminente la caída de la capital. Vi cómo los rusos se metían en las casas buscando a los hombres. Una vez que los sacaban los hacían caminar en forma de círculo, uno tras otro; así debían caminar hasta el cansancio, al que caía de hinojos le daban un tiro en la cabeza.

A mí también me esperaba ese final. También marché en círculo. No sé qué me vio una mujer rusa. Esta vez me salvó mi mestizaje. Dicha mujer le reclamó a los soldados rusos: ¡entréguenme a mi hijo! Me señaló y me salvé de ser ejecutado.

Pasó el tiempo.

Yo trabajaba en una mina de carbón. Teníamos que descender decenas de metros. ¿No sé si sepas que existen lagos subterráneos? Pues bien, no se tiene idea en dónde se encuentran, resulta además, que esta agua se encuentra hirviendo. Entonces, al ir haciendo más profundos los túneles, el primero que se encontró con ese fatal hallazgo quedó fulminado en el instante. El agua inundó los túneles y todos, todos los mineros murieron ahogados. Uno sólo sobrevivió porque ese día no fue a trabajar: fui yo.

                   A tierra de su padre

La tarde sigue avanzando en la casa del ingeniero. El “chipi chipi” sigue cayendo en el jardín. Sorbo mi café y escucho cuando la diosa fortuna condujo a Hans a un barco atracado en los muelles de maquinaria alemanÁmsterdam y que transportaba maíz de América al norte europeo. Quizá Hans pudo intuir el viaje a la tierra de su padre.

Pues resulta que me embarqué y hasta pude codearme con los altos mandos porque, como el viaje iba a ser largo, el pelo y las barbas no respetarían jerarquías y se necesitaba de un peluquero. Alguien preguntó quién sabía pelar, al instante contesté afirmativamente; entonces, me coloqué en el prestigiado puesto de barbero de altamar.

Todavía en aguas europeas pera ya en mar abierto me tocó ver una lamentable tragedia, observarla con impotencia porque no pudimos hacer nada. Un barco se estaba hundiendo debido a que su eje principal se había roto. Hay que recordar que esas aguas son muy peligrosas. Entonces, el barco casi estaba partido por la mitad y el nuestro no se podía acercar mucho porque de hacerlo el remolino que produce el hundimiento del navío accidentado podía “jalar” al nuestro y podíamos correr la misma suerte. ¡Fue muy lamentable ver cómo se hundía el barco con todo, todo lo que llevaba!

Total, el viaje debía continuar.

A ratos, la entrevista se torna monólogo, pero no es pertinente interrumpir su relato, pues podría romper la hilación de su tema. Mueve un poco la mano derecha, como si se ayudara en su recuerdo. Toma aire y se acomoda en su silla como si se preparara a decir lo más importante:

Pero déjame contarte esta enorme locura que hice después. Resulta que no pudimos evadir una fuerte tormenta. Había unas olas enormes que sacudían nuestro barco. Era tan fuerte que los peces salían obligados por el mar y recorrían toda la cubierta del barco y volvían a caer al mar. Unos marineros y pasajeros no dejaban de vomitar y el miedo asomaba en sus rostros. Yo quería sentir la tormenta en carne viva. Les pedí a unos marineros que me ayudaran a sujetarme en la proa del barco. Me senté en una silla y me ataron con un cinturón a un fuerte poste, no sin antes decirme que estaba completamente loco. Así me mantuve las cerca de cuatro horas que duró la tormenta. Incontables fueron los peces que vi ir y venir sobre el barco; innumerables los truenos que parecían sacudir el cielo, así como el ensordecedor ruido de las olas golpeándose a sí mismas y golpeando al barco.

Las risas que causé en mi casi suicidio se convirtieron en admiración y respeto de los viajeros y los mismísimos marineros.

                             El contagio

Llegó la hora de hacer una pausa. El ingeniero no debe eludir al llamado de la naturaleza. En esa pausa, este corresponsal recorre las fotos colocadas en la sala: el ingeniero con su esposa hace diez años; la foto de graduación de su hija; la foto de su nieta. Hans, hijo, me presta el preciado álbum de fotos: es sorprendente. Parece que el relato del ingeniero cobra más vivacidad con estas antiquísimas, ilustrativas, nítidas y valiosas fotos. El blanco y negro de la mayoría hacen más nostálgica la contemplación. Sentada y posando a la usanza alemana observo a la madre del ingeniero. Firme y gesto adusto contemplo a su padre… Ya en color, admiro a la familia Martínez: los padres con sus tres hijos…

El ingeniero está listo para seguir con su charla.

Dice que su padre no lo reconoció cuando llegó al puerto de Veracruz. Menciona que tal vez su padre quería ver a un hombre espigado, corpulento, ario y con ojos azules:

Por ese motivo fui el último pasajero en descender del barco. Bajé. Hice un rodeo a mi padre y no me reconoció. Me puse enfrente y me preguntó:

­ ?¿Cómo te llamas?

?Hans Martínez ?Contesté. 

Se me acercó al oído y me dijo ?Vamos a hacer un futuro muy bonito tu y yo.

Al siguiente día de mi llegada hubo una reunión improvisada, ahí había una nenita que no dejaba de llorar. Algo le sucedía, pero todos pensaban que era un llanto pasajero. Entonces me preste a mecerla sobre mis piernas, pero el llanto seguía y la tuvieron que llevar al hospital.

Al tercer día me presentaron a un alemán quien pertenecía a la naciente Comisión Federal de Electricidad y me llevó a conocer un río que me impresionó mucho por su cauce y su enormidad.

Al quinto día, nos dedicamos a realizar los cálculos para componer los generadores que ya desde entonces les robaban el embobinado de cobre. Después, como si fuera una descarga eléctrica, todo se hizo negro y perdí el control… Posteriormente, como en una lejanía, escuche una voces irreconocibles, entonces todavía no hablaba español, y otra vez inconsciente por mucho tiempo.

Cuando estuve consciente mi padre me preguntó:

­?¿Qué te pasó?

?No sé. Estaba haciendo mi chamba y de repente me caigo.

Al tercer día de estar en observación, sentí un horrible dolor en la pierna izquierda; ya no reaccionaba como el día anterior, apenas la podía mover. Entonces, siento una espantosa necesidad de ir al baño. Como pude, me arrastro al baño. ¡Increíblemente, llené la taza hasta el tope y el contenido se salía por ésta! Otra vez, casi arrastrando, regreso a mi camita sintiendo que la pierna ¡menos y menos obedecía!

Ya estando arriba de la cama, ¡otra vez! ¡horrible dolor! Ahora en la otra pierna. ¡Se estaba paralizando la otra pierna! Con desesperación, trato de llamar a los médicos con un timbrazo. Luego, oootra revisión. Me colocan en posición fetal y me toman una muestra de líquido cefalorraquídeo de la zona lumbar. Otra descarga de dolor, ahora en el brazo izquierdo, después, me dejó de funcionar.

Yo me revolvía en mi cama asustado: ¿Qué será esto?

Me vistieron y me llevaron a otro hospital, acostado en el asiento trasero del carro de la tía Lucía. Otra vez llegué desmayado a un hospital de Puebla. Al pasarme a la cama, me dolían toodos los huesos. A alguien escuche decir que “no se podía hacer nada”. Esa noche lloré sin dejar de preguntarme: ¿Qué es lo que pasa aquí”.

El brazo derecho era el que aún respondía con algunos movimientos. Pensé que había llegado el momento más difícil de mi vida. Pensé que iba a morir.  

                  ¿Dios, religión?

Fueron ocho largas semanas las que el ingeniero Hans Martínez permaneció en Puebla; de ahí a Morelia. La razón: familiar. Ahí vivía una hija de la tía Lucía, quien estaba casada con un médico de ese hospital.

Muchos días después, se enteró que aquella nenita, a quien meció en sus piernas, estaba afectada de un virus que lesionaba irreversiblemente el sistema nervioso. Como una ironía de la vida, fue un alemán, Jacob Heine, quien describió esa enfermedad en el lejano 1840. Y en otra ironía, en 2002, la Organización Mundial de la Salud declaró a la región europea libre del virus de la polio.

Una vez internado en el hospital morelense, el ingeniero Martínez debió de padecer otra afección al caer en la zona llamada del “bajío” de la República Mexicana. Por historia, por tradición, es la región de más arraigo religioso, algunas veces, con excesivo apasionamiento. Le intentaron inculcarle el credo de Roma, Hans ¿aceptaría?

Le dijeron que no estaba en Alemania, que debía adaptarse a la realidad mexicana y el ingeniero reviró:

Yo soy de allá y no soy como aquí! ¡Si no entiendes eso, lo siento mucho! ¡Yo no voy a cambiar! ¡Ni tampoco te pido que cambies!, porque eso no es justo. Yo soy una persona madura.

?¡Eso es un castigo de Dios! ?Le dijeron.

Para ese entonces yo hablaba poco español, pero mi desayuno: tortillas y frijoles. Al otro día: tortillas y frijoles. Y siguieron los reclamos de ambas partes:

?¡O te adaptas o no vas a hacer nada!

?¡Pues no me adapto! Además, dijo mi tía Lucía que iba a dejar dinero para mantenerme.

Creo que esa frase surtió efecto porque esa noche comí lo más parecido a una comida europea: pan y mantequilla.

Por ese tiempo llegó una enfermera norteamericana: Miss Smith, quien tenía algo qué ver con la cocina y hablaba conmigo en inglés. Le dije:

?¿Por qué no entienden que no me puedo adaptar a la vida de aquí? Yo no creo en Dios. Se me hace un cuento para engañar a los tontos.

No me contestó. En ese silencio recordé cuando mi madre me bautizo, ¿con qué derecho? Nadie tiene derecho a imponer una mentalidad en dicho sentido, a menos que fueran conocimientos generales. Total, a menudo recuerdo a esa enfermera, siempre le viviré agradecido.

                  La primera máquina

En otro descanso, Hans Martínez, hijo, me lleva a conocer el interior de la fábrica. Me señala una prensa para cuatro piezas: “es la primera que hizo mi padre, ahorita está ociosa, pero todavía funciona”.

Una vez dentro de la fábrica, Hans Jr. explica las diferentes medidas de su producto y puedo observar la máquina de manufactura canadiense que elabora los productos con mayor velocidad y mayor tamaño. “Se sabe que un país es industrializado o desarrollado por la cantidad de abrasivos que produce”, me había dicho Martínez Jr. cuando me mostraba las instalaciones. “Ahora regresemos con mi padre para que te platique la historia de estas máquinas”.

Por el hecho de estar registrado en la Cámara de Comercio en la capital mexicana, ciertos empresarios canadienses supieron de mi presencia y me visitaron sólo por curiosidad, dijeron después. En ese entonces yo había construido unas máquinas como Dios me dio a entender. Los canadienses vieron todo eso y se quedaron impresionadísimos, al saber, a grandes rasgos, mi historia y lo que había realizado. También, por ese tiempo, yo tenía unos ahorros.

El canadiense me extendió el plano de una máquina y me preguntó que si eso era lo que pensaba fabricar… …

Y fuimos todos a ver la fábrica y las máquinas hasta Canadá.

Llegamos a su fábrica: un enorme galerón vacío. Al fondo, un hombre soldaba una silla. Me acerqué y dije:

Quiero una máquina como ésta!

Me miraron, tal vez irónicos, tal vez incrédulos. Total, hicimos todos los trámites y el pago de un millón de dólares a la embajada mexicana y sucedió algo increíble.

Llegando a la frontera mexicana, ya había entrado unos kilómetros a territorio mexicano cuando me enteran que el peso mexicano se había devaluado. Me detienen. Me revisan tooodos los papeles una y otra vez, y, ante la incredulidad de las autoridades canadienses, norteamericanas y mexicanas: ¡todo estaba en orden! Todo correcto. Alguien me preguntó que cómo sabía que el peso se iba a devaluar y yo, con horas de antelación, había comprado una máquina en dólares que en ese momento valía una fortuna. Les dije:

?¡No sé, sólo dejen pasar mi máquina!

                            Su legado

No fue sólo una máquina. Con el tiempo, el ingeniero compró otras dos. El canadiense confesó que nunca creyó que Hans pudiera manejar esa maquinaria. Incluso propuso una asociación a la cual se rehusó el ingeniero. El canadiense se asombró mucho más con la negativa.

El tiempo pasa, para la entrevista y para la vida del ingeniero. Ahora, a sus 82 años de edad se logra descubrir ese orgullo en su semblante tras haber logrado tantos sueños y derrotar tantas adversidades sólo con el movimiento de la mano derecha y la cabeza, junto con las funciones cerebrales intelectuales.

Me es difícil decir la palabra “parálisis”; sin embargo, esa es la correcta para señalar sus extremidades inferiores, el tronco y la mano izquierda que se quedaron sin movimiento.

Dicen que las cosas no son casualidad, que hay una pequeña bruma que las une y las teje. Esa casualidad me llevó a conocer al ingeniero Hans Martínez. Conocer su fe inquebrantable para realizar las cosas en condiciones adversas; para que su ejemplo llegue a todos los que lean esto y quieran seguir su ejemplar obra. Ahí quedarán sus máquinas fabricadas por él mismo; su elevador, su cama reclinable, sus productos; sus hijos, sus nietos, y su siempre empresa: “Abrasivos Berlín”.

 

 

 

 

 

 

Localizan muerto al periodista Humberto Millán


CULIACAN, Sin. 25 agosto - El cuerpo del periodista Humberto Millán Salazar,de 53 años de edad fue localizado esta mañana, 27412_100000784133055_4586_ncon un balazo en la cabeza, al parecer calibre 9 milimetros, pues a un lado se encontró un casquillo percutido.
 
El cadáver fue ubicado en un camino vecinal en las inmediaciones de una granja porcina en el campo agrícola Morelia, por la carretera internacional a la salida norte de Culiacán, aproximadamente unos 10 kilómetros del fraccionamiento Infonavit Solidaridad, en donde había secuestrado por un comando armado 28 horas antes.

El director del diario digital A Discusión, viajaba a bordo de una camioneta Tahoe acompañado por uno de sus hermanos cuando dos camionetas tipo Van le cerraron el paso y violentamente lo privaron de la libertad llevándose también la unidad en que viajaba.

Humberto Millán, de 53 años de edad, abogado de profesión y periodista desde hace más de tres décadas; inició en el Diario de Culiacán y laboró en el Sol de Sinaloa y El Debate.
 
Asimismo colaboró como jefe de información en el Gobierno de Renato Vega Alvarado, hasta que se independizó para crear un noticiario de en Radio UAS y luego realizar un diario digital llamado "A Discusión" en donde los últimos 6 años criticó fuertemente al rector de la UAS, Melesio Cuén Ojeda, ahora presidente municipal de Culiacán. Tambien cuestionó los gobiernos de Jesús Aguilar Padilla y Jesús Vizcarra Calderón.
 
Millán Salazar colaboraba ultimamente en el grupo Radio Fórmula y empezaba a cuestionar fuertemente al secretario de Gobierno, Gerardo Vargas Landeros.
 
Como periodista, Millán manifestaba que nunca difundiría información relacionada con la delincuencia organizada, en cambio enfocaría sus criticas a los politicos por la corrupción y la impunidad.
 
Previó a su incursión en Radio Fórmula, el periodista advirtió que si algo le sucedía responsabilizaba a Jesús Aguilar Padilla, Melesio Cuén Ojeda y Jesús Vizcarra Calderón.